Émilie y Morgane eran amigas inseparables en el instituto. Cumplida ya la treintena y tras años sin hablarse, se reencuentran en Facebook. En su perfil, Émilie se presenta como «una madre a tiempo completo» satisfecha con la vida idílica que lleva en el campo, mientras que Morgane se define como una working-girl parisina, encantada con su exitosa carrera profesional en el mundo de la publicidad, su piso de diseño y su apuesto novio abogado.
Sin embargo, las apariencias engañan. Émilie sueña en secreto con escapar de las interminables reformas de su casa, de las tareas domésticas, de los niños ruidosos y de su marido, que acaba de quedarse en el paro. Por otro lado, Morgane, que está a punto de ascender, empieza a plantearse la idea de tener un bebé. Pero ¿cómo compaginar la maternidad con un entorno profesional en el que lo normal es trabajar doce horas al día?
Finalmente, ambas deciden hacer un pacto. Émilie ayudará a Morgane a conciliar sus ambiciones profesionales y personales, y Morgane convertirá a Émilie en la perfecta madre trabajadora. ¿Será así de fácil...?
Cuando uno es niño, se aburre durante las actividades de los padres, y cuando uno se convierte en padre, se aburre durante las actividades de los hijos.
Cuando eres niños, no puedes salir solo por la noche porque te lo impiden tus padres, y cuando eres padre, no puedes salir por la noche porque te lo impiden tus hijos. Entonces ¿Cuándo vivimos? En ocasiones, en el espacio-tiempo de un nanosegundo, me pregunto si todo esto vale la pena, y si a alguien se le ha ocurrido calcular la ratio obligaciones/beneficios de la maternidad.