Damián se siente confuso desde que perdió su trabajo. Un día comete un pequeño hurto en un mercado de anticuarios y se esconde en el interior de un armario. Antes de que pueda salir, el armario es vendido y trasladado a la habitación de matrimonio de Lucía y Fede, donde Damián termina instalado, como si formara parte del mueble.
A Damián, tan admirador de los manuales de usuario, le pareció perfecto que, una vez más, la práctica se plegara de este modo a la teoría.
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[...] - Y no le ha venido la regla.
- A mi no me vino hasta los dieciséis, depende de los lejos que venga,
- Ella quiere hacernos creer que le ha venido y compra tampones que mancha con tinta roja. Nosotros le seguimos la corriente.
- No seas ingenuo, es ella la que os sigue la corriente a vosotros.
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