viernes, 31 de diciembre de 2010

La princesa de hielo / Camilla Läckberg

La princesa de hielo / Camilla Läckberg.-- Madrid: Maeva, 2007

Cuando la joven escritora Erica vuelve a su pueblo natal tras el fallecimiento de sus padres para hacerse cargo de su casa, no se puede ni imaginar que se verá envuelta en la truculenta historia de un crimen cuyos protagonistas son sus propios amigos de la infancia. Unos vecinos acaban de encontrar el cadáver de una de sus amigas de entonces, Alex, quien, según parece, se ha suicidado.

Conmocionada, Erica empieza a investigar y descubre que Alex estaba embarazada; además, la autopsia revela que su amiga no se suicidó sino que fue asesinada. El policía encargado del caso es el detective Patrik Hedström, para quien Erica siente algo más que mero interés profesional.


... el torbellino de sentimientos que luchaban por prevalecer en su pecho la obligaba a revolverse en la cama con una sonrisa pertinaz que le hacía estirar la comisura de los labios. Debería ser delito sentirse así de feliz. La sensación de bienestar era tan intensa que no sabía que hacer consigo misma [...] Todo le parecía estupendo [...] todo le parecía ahora más fácil de sobrellevar. No porque los problemas hubieran desaparecido, sino porque por primera vez tenía el convencimiento de que su mundo no estaba a punto de derbordarse y de que podía enfrentarse a cualquier dificultad que se le presentase en el camino. Y pensar que un solo día, veinticuatro simples horas, pudiese marcar tal diferencia. Ayer, a la misma hora, se despertó con el pecho encogido.


Observó la biblioteca, los libros que cubrían todas las paredes y que ella se había esforzado por reunir, buscando en los anticuarios de Gotemburgo, no servían más que de exposición. Salvo los libros de texto de la Universidad, no recordaba haberla visto leer un libro en su vida. Tal vez Alex tenía suficiente con su propio sufrimiento y no necesitaba leer acerca del ajeno.


jueves, 9 de diciembre de 2010

Los gritos del pasado / Camilla Läckberg

Los gritos del pasado / Camilla Läckberg. -- Madrid : Maeva, 2009.

La joven pareja formada por la escritora Erica y el detective Patrik disfrutan de unas merecidas vacaciones en la pequeña población costera de Fjällbacka. Erica está embarazada de ocho meses y el calor sofocante del verano vuelve especialmente difícil este último mes de gestación. La última cosa que necesita la joven pareja es un nuevo caso de asesinatos, pero el malhumorado comisario Mellberg le comunica a Patrik que un niño ha encontrado el cadáver de una mujer mientras jugaba.

Pero lo más extraño es que junto al cadáver han aparecido los restos de dos mujeres desaparecidas años atrás. En aquel lejano caso, el acusado de la desaparición de las dos mujeres había sido denunciado por su propio hermano. Ahora, será necesario hurgar en el turbio pasado de estos dos hombres unidos por el odio.


Luego se encaminó a los fogones, donde ella estaba, se le acercó por detrás y le rodeó la enorme barriga con sus brazos.

-Venga, que no quiero ser pesado, es sólo que me preocupo por ti y por el bebé.

-Ya lo sé.- Erica se dio la vuelta y lo abrazó-. Pero te aseguro que no soy de porcelana y si en otro tiempo las mujeres podían trabajar los campos hasta que daban a luz prácticamente en mitad de la faena, pues también podré yo ir a la biblioteca a pasar hojas sin poner en peligro nuestras vidas.

[...]

Ella le tomo la palabra y acabaron los dos acurrucados en el sofá. En el caso de Patrick, aquello era lo que le daba fuerzas para enfrentarse al lado oscuro de la humanidad que veía en su trabajo: Erica y la idea de que tal vez él pudiese contribuir, por poco que fuera, a que el mundo resultase más seguro para aquel pequeño que le empujaba con los pies, en la palma de la mano, desde dentro de la tensa piel del vientre de Erika.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Las hijas de Hanna / Marianne Fredriksson

Las hijas de Hanna / Marianne Fredriksson. -- Barcelona : Emecé, 1998

En una fría habitación de hospital, frente al lecho de su madre que
yace senil en el ocaso de la vida, Anna es consciente por primera vez
de lo poco que conoce a su progenitora. Decide pues, valiéndose de
unos diarios y unas fotos de familia, emprender un viaje hacia el
pasado con la intención de descubrir los hechos más importantes que
determinaron la existencia de Johanna y de Hanna, madre y abuela, en
busca de esas señas ocultas, esos códigos secretos que, pasando de
generación en generación, modelan nuestra identidad sin que apenas
tengamos conciencia de ello.
Y lo que empieza siendo pura curiosidad se transforma pronto en acuciante necesidad, pues Anna comprende que sólo así podrá reconciliarse con su pasado y encontrar la estabilidad que le permita solucionar los problemas que la aquejan.
Con una inusitada capacidad de implicar al lector en los avatares de sus personajes, Marianne Fredriksson ha compuesto una bella historia acerca de los conflictos, sinsabores y alegrías de tres mujeres escandinavas –abuela, madre e hija– representativas de tres épocas muy distintas en la evolución de la historia europea contemporánea. Plena de sentimientos y confesiones que nacen de la introspección, Las hijas de Hanna es un intento sincero y valiente de romper esas
barreras intangibles que, erigidas involuntariamente entre padres e hijos, son causa con demasiada frecuencia de un profundo sufrimiento moral.

Mi vida se divide en dos mitades. La primera mitad duró ocho años infantiles,y, por consiguiente, es igual de larga que los otros setenta restantes. Cuando rememoro esta segunda mitad, encuentro en ella cuatro incidentes que hicieron de mí otra persona.
El primero fue cuando una mano invisible me impidió abrir una puerta. Eso fue un milagro, y me devolvió la claridad mental.
El segundo incidente decisivo tuvo lugar cuando encontré un trabajo que me gustaba, y me volví autosuficiente, y me hice del Partido Socialdemócrata.
Luego, el amor y el matrimonio.
El cuarto incidente fue cuando di a luz a mi hija, y le puse el nombre que tenía la vieja comadrona de Agua del Norte. Y cuando mi hija, por su parte, tuvo también hijos, porque entonces me encontré también con nietos.
Lo que ocurrió entre estos sucesos fue lo normal en la vida de las mujeres: mucha inquietud, trabajo duro, grandes alegrías, muchas victorias, más derrotas. Y también, por supuesto, la tristeza, que siempre subyace en todo.
Me pensado mucho en la tristeza. Es de ella de donde nace la intuición y el deseo de cambiar. No llegaríamos nunca a ser humanos si no hubiese tristeza en nuestra vida, en el fondo mismo de nuestro ser.

[...]

¡Selma Lagerlöf, nada menos! Mi amiga Aina había leido algo sobre ella en el periódico, y sacado de la biblioteca pública uno de sus libros: El anillo de Löwenskjöld. Lo leímos las tres, lo dejamos hecho unos zorros de tanto leerlo, igual que nos había pasado con los zapatos de tanto bailar el verano del tricentenario. ¡Santo cielo, qué impresión tan tremenda nos hizo!
Yo creo que a mí me impresionó porque me reconocí en ese libro, y vi en él toda la fascinación de la infancia. Lo leí y lo leí y lo volví a leer, y lo releí, y el mundo se me volvió del revés.[...] Fui ahorrando parte de mi sueldo, semana tras semana, para comprar todos sus libros a plazos en la librería Gumpert, en tomos muy bonitos, encuadernados con lomo de cuero. ¡Dios mío, y qué orgullosa me sentía yo de aquella pequeña colección cuando los veía todos juntos en mi pequeña estantería!

lunes, 25 de octubre de 2010

Al pie de la escalera / Lorrie Moore

Al pie de la escalera / Lorrie Moore. -- Barcelona : Seix Barral, 2009

Mientras Estados Unidos se prepara para la Guerra de Iraq, Tassie, una chica de campo de veinte años, llega a la ciudad para estudiar en la Universidad. Necesita dinero, y empieza a trabajar como canguro para un matrimonio de blancos que ha adoptado una niña de origen afroamericano. Poco a poco, Tassie se va sintiendo más unida a la niña, Marie Emma, y la protege y quiere como si fuera su propia hija. Pero la vida revela sus inevitables secretos: los padres adoptivos ocultan algo, y su revelación romperá para siempre los lazos entre Tassie y la pequeña.

- Ay..., me había olvidado de los libros. -Abrió el horno y con unos guantes de cocina sacó un par de cuentos ilustrados-. Son de la biblioteca. Los he horneado para eliminar los gérmenes. Siempre lo hago con los libros de la biblioteca. Dicen que si los pones en el microondas también los matas, pero yo no me fío del todo.

*-*-*-*-*-*-*-*

-[...] Falda de buey en su propio juego servida con setas shiitake.
- ¿En su propio juego?
El chico [camarero] pareció espantarse.
-Sí-dijo-. Creo.
Echó un rápido vistazo a la pequeña libreta que hacía unos instantes se había guardado en el bolsillo.
-Sí-dijo.
-Gracias. -Intenté sonreír. Y comenté-: Por un momento pensé que ibas a decir "falda de buey con su propia falda".
-No-dijo, se dio la vuelta y se marchó.


lunes, 11 de octubre de 2010

Mil soles espléndidos / Khaled Hosseini

Mil soles espléndidos / Khaled Hosseini. -- Barcelona : Salamandra, 2007

Hija ilegítima de un rico hombre de negocios, Mariam se cría con su madre en una modesta vivienda a las afueras de Herat. A los quince años, su vida cambia drásticamente cuando su padre la envía a Kabul a casarse con Rashid, un hosco zapatero treinta años mayor que ella. Casi dos décadas más tarde, Rashid encuentra en las calles de Kabul a Laila, una joven de quince años sin hogar. Cuando el zapatero le ofrece cobijo en su casa, que deberá compartir con Mariam, entre las dos mujeres se inicia una relación que acabará siendo tan profunda como la de dos hermanas, tan fuerte como la de madre e hija. Pese a la diferencia de edad y las distintas experiencias que la vida les ha deparado, la necesidad de afrontar las terribles circunstancias que las rodean —tanto de puertas adentro como en la calle, donde la violencia política asola el país—, hará que Mariam y Laila vayan forjando un vínculo indestructible que les otorgará la fuerza necesaria para superar el miedo y dar cabida a la esperanza.

- Aprende esto ahora y apréndelo bien, hija mía: como la aguja de una brújula apunta siempre al norte, así el dedo acusador de un hombre encuentra siempre a una mujer. Siempre. Recuérdalo, Mariam.
[...]
-Confía tu secreto al viento, pero luego no le reproches que se lo cuente a los árboles.
[...]
Había adorado a Aziza desde el mismo momento en que sospechó su existencia. No había sentido dudas ni incertidumbre alguna. Qué terrible era para una madre, pensó, llegar a temer que no pudiera amar a su propio hijo. Era antinatural. Y si embargo, mientras estaba en el suelo y empuñaba el trozo de metal, se preguntó si realmente podría querer al hijo de Rashid como había venerado a la hija de Tariq.
Al final, fue incapaz de hacerlo.
No fue el miedo a desangrarse lo que le hizo soltar el trozo de metal, ni tampoco la idea de que se tratara de un acto condenable, como ciertamente sospechaba. No. Laila dejo caer la varilla porque no podía aceptar lo que tan fácilmente habían asumido los muyahidines: que a veces, en la guerra, había que segar vidas inocentes. La guerra de Laila era contra Rashid. El bebé no tenía culpa alguna. Y ya se habían producido sufiencientes muertes. Laila había visto sucumbir demasiados inocentes bajo el fuego cruzado de los enemigos.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Los ojos amarillos de los cocodrilos / Katherine Pancol

Los ojos amarillos de los cocodrilos / Katherine Pancol. --Madrid: La Esfera de los Libros, 2010

Esta novela sucede en París, pero nos encontramos con cocodrilos.
Esta novela habla de hombres. Y de mujeres. Las mujeres que somos, las que querríamos ser, las que nunca seremos y aquellas que quizás seamos algún día.
Esta novela es la historia de una mentira. Pero también es una historia de amor, de amistad, de traición, de dinero, de sueños.
Esta novela está llena de risas y de lágrimas.
Esta novela es como la vida misma.


En la biblioteca, en los estrechos pasillos, entre los estantes de libros, había chocado contra un hombre que caminaba en sentido contrario. Ella llevaba los brazos cargados de libros y no lo había visto. Todos los volúmenes habían caído al suelo con gran estruendo, y el desconocido se había agachado para ayudarla a recogerlos. Él la había mirado con los ojos como platos, lo que había provocado a Joséphine un ataque de risa que le obligó a salir para calmarse. Cuando volvió él le guiñó un ojo en señal de connivencia. Se había sentido turbada. Toda la tarde estuvo buscando su mirada, pero él había mantenido los ojos fijos en sus papeles. Una de las veces que levantó la mirada, él ya se había ido.
*******
La vida había continuado después, la vida continúa siempre. Te da razones para llorar y razones para reír. Es la vida, Josephine, confía en ella. La vida es una persona, una persona que hay que tomar por compañera. Entrar en su corriente, en sus remolinos, a veces te hace tragar agua y te crees que vas morir, y después te agarra por el pelo y te deja más lejos. A veces te hace bailar, otra te pisa los pies.

martes, 31 de agosto de 2010

El hipnotista / Lars Kepler

El hipnotista / Lars Kepler. Barcelona : Planeta, 2010

"Voy a estar aquí sentado todo el tiempo. No tienes absolutamente nada que temer. Puedes sentirte completamente seguro. Estoy aquí por ti, no digas nada que no quieras decir, y tú mismo puedes dar por terminada la sesión de hipnotismo cuando quieras. Todo está tranquilo, silencioso y relajado. Ahora voy a contar hacia atrás, y con cada cifra que oigas te relajarás un poco más. Ahora estás completamente relajado. Todo está bien. Quiero que intentes recordar qué pasó ayer
...
Ahora vas a decirme qué esta pasando"


Hay momentos en los que uno sabe en cada átomo de su cuerpo que algo va mal. Quizá Simone había adquirido su miedo a la traición al ver a su padre engañado. Él, que había trabajado de policía hasta la jubilación e incluso había sido condecorado por un excelente trabajo de investigación, había necesitado muchos años para descubrir la cada vez más patente infidelidad de su mujer.
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Al entrar en la habitación vieron a una hermosa mujer con una trenza rubia sobre el hombro sentada a su lado leyendo un libro en voz alta. Dijo que su nombre era Disa, y explicó que era una vieja amiga del comisario.
- Tenemos un círculo de lectura, así que debo ocuparme de que no se retrase -aclaró con su acento finlandés mientras dejaba el libro a un lado.
Simone vio que estaba leyendo "Al Faro" de Virginia Woolf.