martes, 16 de octubre de 2012

La luz en casa de los demás / Chiara Gamberale

GAMBERALE, C. La luz en casa de los demás. Madrid: Seix-Barral, 2012

Maria, una mujer libre y carismática, es la administradora del 315 de Grotta Perfetta, en Roma. Cuando muere repentinamente, deja una hija de seis años; y deja también una carta. La niña se llama Mandorla —Almendra—, y ya sólo su nombre encierra todo el encanto y el absurdo del que será su destino, ya que Maria ha dejado escrito que el verdadero padre de Mandorla es uno de los hombres que vive en el edificio. 

Tras una asamblea de vecinos en la que nadie confiesa su paternidad, deciden criar a la niña entre todos. Así, Mandorla irá cambiando de casa de los 6 a los 17 años, adaptándose a cinco modelos de familia: será testigo de la soledad de Tina; vivirá la separación de Caterina y Samuele; acompañará a Paolo y Michelangelo al Orgullo Gay; se sentará a la mesa de los Barilla, una familia tradicional, y vivirá las turbulencias de la eterna pareja de hecho, Lidia y Lorenzo. 

Y mientras Mandorla crece, se enamora y busca a su padre, Chiara Gamberale nos recuerda que, antes de ser mujeres, maridos, padres o hijos, somos personas: maravillosas y terribles, con una infancia que nos persigue. En esta luminosa novela descubrimos que la familia es una alquimia indefinible: quien la tiene es consciente de su peso, hasta el punto de querer librarse de ella, y quien no la tiene la desea como el único escenario posible de la felicidad.

¿que significa eso de trauma? ¿Y cuánto debería durar un trauma según él? Yo sencillamente creo que cuando la situación absurda se convierte en tu vida, al cabo de un tiempo ya no la consideras tan absurda. Ya no te preguntas si es adecuada (si es que se puede emplear esa palabra para referirse a normal). La consideras una costumbre: vamos, que dejas de considerarla siquiera. Llega un momento en que ya no reparas en ella, estás demasiado ocupada en vivirla y ya está. Tanto que llegado ese punto ya no hay mucha diferencia entre ti y quien basa su vida en supuestos más normales (si es que se puede emplear esa palabra para referirse a adecuados): todos nos afanamos por sacar algo bueno de lo que nos pasa.
***
-También debo mucho a mi madre y a mi padre, que siempre han creído en mí, y muchísimo también a aquellos que me odian: gracias a ellos me he hecho más fuerte.
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-Eh, Mandorla, ¿me quieres decir quién es ese gilipollas?
Me daba cosa contestarle eres tú ese gilipollas, pero me lo estaba pidiendo él mismo. Al menos así se tranquilizará, esperaba yo.
Así que se lo dije:
-Tú.
*****
[...] cuando sencillamente te das cuenta de que tienes delante a una mujer, una mujer de verdad, y te preguntas cómo narices vas a considerarte ahora tú también una mujer si tus braguitas son todas -sin excepción- de algodón blanco, normales, y si las cosas que esa mujer de verdad te está contando no sólo no las has hecho nunca sino que ni siquiera te las alcanzas a imaginar. Y eso no es todo. Además de no ser una mujer de verdad, ahí en el baño con Eva Brandi, tienes la confirmación definitiva de que tampoco eres siquiera una adolescente de verdad: si te enseñan una foto de Oasis y otra de Linkin Park, ni siquiera sabrías quiénes son unos y quiénes los otros, reconócelo, te dices [...]

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