martes, 3 de enero de 2017

Y las montañas hablaron / Hosseini, Khaled


HOSSEINI, K. Y las montañas hablaron. Barcelona : Salamandra, 2013.

y las montañas hablaron-khaled hosseini-9788498386875La decisión de una humilde familia campesina de dar una hija en adopción a un matrimonio adinerado es el fundamento sobre el que Khaled Hosseini —autor de las inolvidables Cometas en el cielo y Mil soles espléndidos— ha tejido este formidable tapiz en el que se entrelazan los destinos de varias generaciones y se exploran las infinitas formas en que el amor, el valor, la traición y el sacrificio desempeñan un papel determinante en las vidas de las personas.

La historia arranca en una remota y desolada aldea de Afganistán, donde Sabur y su segunda mujer se enfrentan en condiciones precarias a la llegada de otro invierno implacable. Abdulá, el hijo mayor, de diez años, ha cuidado de su hermana Pari desde que era pequeña, y ahora ambos escuchan cautivados la triste historia que les relata su padre antes de acostarlos, la víspera de iniciar un largo viaje que los conducirá hasta Kabul. Allí, en las bulliciosas calles de la capital, dará comienzo este fascinante itinerario que guiará al lector desde el otoño de 1952 hasta el presente, de Kabul a París, desde la isla griega de Tinos hasta San Francisco.

De haber sido un empleado menos discreto, les habría contado que Suleimán Wahdati era una criatura desconcertante, un hombre aparentemente satisfecho con vivir el resto de sus días de la fortuna que habia heredado, un hombre sin profesión, sin pasiones evidentes, y que por lo visto no tenía el deseo de dejar huella alguna en este mundo. Les habría dicho que llevaba una vida que carecía de objetivo o dirección, igual que los trayectos sin destino que hacíamos en el coche. La suya era una vida vivida desde el asiento de atrás, una vida borrosa que pasaba ante la ventanilla. Una vida indiferente. 
Eso les habría dicho, pero no lo hice. Y menos mal que no lo hice, porque me habría equivocado de medio a medio.
***
A ratos, cuando se volvía para sacudir loa ceniza del cigarrillo en u platito, yo aprovechaba para mirar de soslayo las uñas rojas de sus pies, el brillo dorado de las pantorrillas afeitadas, el pronunciado empeine y, siempre, los senos turgentes y perfectamente redondeados. Me maravillaba que en este mundo hubiese hombres que habían tocado y besado aquellos senos mientras le hacían el amor. ¿qué más se le podía pedir a la vida después de algo así? ¿Adonde se iba un hombre después de haber alcanzado la cima del mundo? Sólo con gran esfuerzo lograba apartar los ojos y posarlos en algún lugar seguro cuando ella se volvía de nuevo hacia mí.
***
No estoy segura de que lo haga. No le cuento mi otro motivo. Apenas lo admito yo misma. Y no es otro que el miedo de lo que pueda pasarme, de qué será de mí cuando baba no esté. He vivido toda mi vida como un pez de acuario, bien protegida en mi gigantesca pecera, tras una barrera tan impenetrable como transparente. He tenido la libertad de observar el reluciente mundo del otro lado, de imaginarme en él si quería. Pero siempre he estado reprimida, constreñida por los duros e inflexibles límites de la existencia que me ha construido baba, conscientemente al principio, cuando yo era joven, y con absoluta inocencia ahora que se deteriora día a día. Creo que me he acostumbrado a estar detrás del cristal, y me asusta pensar que, cuando se rompa, me veré arrojada al vasto territorio de lo desconocido aleteando indefensa, perdida y sin aliento, boqueando.
La verdad, que rara vez admito, es que siempre he necesitado el peso de baba en las espaldas.
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