La novela premiada es un intenso thriller psicológico protagonizado y relatado en primera persona por Raquel, una joven profesora de literatura en horas bajas que acepta una suplencia en un instituto de Novariz, el pueblo de donde, casualmente, procede su marido.En su primer día de trabajo, la joven se entera de que Elvira, su predecesora, se ha suicidado y al finalizar las clases encuentra en su bolso una nota que dice: «¿Y tú cuánto vas a tardar en matarte?».Decidida, Raquel intentará averiguar quién está detrás de esa amenaza, e inevitablemente seempezará a obsesionar con la antigua profesora.¿Qué le ocurrió? ¿Qué la llevó a la depresión si los alumnos la adoraban? ¿Realmente se suicidó o alguien acabó con su vida? ¿Se está repitiendo el mismo patrón con ella? Y sobre todo, ¿por qué de repente algunos indicios apuntan al marido de Raquel?Una novela que arranca como una historia de acoso a una profesora para convertirse enseguidaen un thriller perverso y apasionante. Una disección de la debilidad humana. De la culpa.De la fragilidad de las relaciones. Y de las mentiras y secretos sobre las que montamos nuestras vidas sin calibrar ni ser conscientes de las consecuencias.
Lo hemos decidido. Más bien lo decidió él, pero hablar en plural cuando algunas de las decisiones que se toman unilateralmente no son del todo del agrado del otro es uno de los secretos del matrimonio para no mandar todo a tomar por culo. A fuerza de pluralizar te acabas creyendo que la decisión fue cosa de los dos y el mal trago se pasa mejor.
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Germán se acerca a mi, me pasa el brazo por el hombro y me da un beso en la mejilla. Un beso de los que antes curaban y ahora solo son un eco de lo que fueron, no sé si tienen el mismo poder.
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Fue empezar a discutir y empezar a destruirnos. ¿Sabes cuando de pronto muestras tu peor car, y también ves la peor cara de tu mujer y ya no hay vuelta atrás? Ya no puedes volver a recuperar lo que eras, porque ya has enseñado el monstruo que habita dentro de ti, y has visto el monstruo que hay en el otro. Y nadie quiere convivir con monstruos.
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Pero ahí estaba. Entera, de una pieza. Se podía vivir entre las ausencias. Con la muerte de un ser querido y con la ruptura de un matrimonio. Porque nunca nada es para tanto. Y el miedo a la ausencia muchas veces es más terrible y más paralizante que la ausencia en sí.
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