
MÁRKARIS, P. Con el agua al cuello. Barcelona: Tusquets, 2011.
Un caluroso domingo del verano de 2010, el comisario Jaritos asiste a la boda de su hija Katerina, esta vez por la Iglesia y con fanfarria musical. Al día siguiente, poco después de llegar a Jefatura, le informan del asesinato de Nikitas Zisimópulos, antiguo director de banco, degollado con un arma cortante. El macabro homicidio coincide con una campaña que alguien, amparándose en el anonimato, ha emprendido contra los bancos, animando a los ciudadanos a que boicoteen a las entidades financieras y no paguen sus deudas e hipotecas. Lo cierto es que Grecia, al borde de la bancarrota, pasa por un momento muy crítico, y la población no duda en salir a la calle para quejarse de los recortes en sueldos y pensiones. Para colmo, Stazakos, el jefe de la Brigada Antiterrorista, sostiene que el asesinato de Zisimópulos podría ser obra de terroristas. Jaritos, en desacuerdo con esa hipótesis, tendrá que apañárselas con sus dos ayudantes para enfrentarse a un asesino cuyos crímenes apenas acaban de empezar.
-A doscientos metros, gire a la derecha -dice la voz femenina del GPS. Paso de todo y sigo recto.[...]
-Nuevo trazado de itinerario. A cincuenta metros, gire a la izquierda. - Paso de ella otra vez y sigo adelante. [...]
-Nuevo trazado de itinerario. A cien metros, gire a la izquierda. - No hago caso y sigo recto.
-¡Por el amor de Dios! ¿Por qué llevas ese rollos puesto si no le haces ni caso? Me tiene mareada -se indigna mi mujer.
-No lo necesito, sé por dónde ir.
-¿Y por qué no lo apagas?
Acerco el Seat a la acera y apago el motor.
-Para alimentar mi ego -contesto.
-¿Qué quieres decir?
- Me paso el día escuchando las sandeces de los demás. Cuando no son órdenes de Guikas, son las del Ministro. Esta voz es la única que me manda cosas y yo puedo pasar olímpicamente. Me levanta el ánimo. Los que están un poco quemados en u puesto de trabajo necesitan un GPS para desobedecerlo. ¿Ahora lo entiendes?
******
-Dime una cosa: ¡¿se han vuelto locos?! -pregunta fuera de sí.
Me pilla desprevenido.
-¿De quién hablas?
- De esos que os han cargado con cinco años laborables más. No entiendo cómo os resignáis sin hacer nada.
- ¿Qué quieres que hagamos? Somos policías. No podemos salir la mitad de nosotros a la calle a romper escaparates mientras la otra mitad se dedica a perseguirnos y detenernos.
-Lo que podéis hacer, yo no lo sé, pero recuerda el viejo dicho: los primeros ochenta años son los difíciles, después te mueres y te quedas muy tranquilo. Pues bien, ahora los primeros ochenta años no sólo son difíciles, sino que, a este paso, pronto serán todos laborables.
- ¿Tienes tú una solución mejor?
-Si. Que reduzcan la población del país a la mitad. Quedaremos cinco millones y medio de habitantes, y los gastos se reducirán también a la mitad. Los franceses echan a los gitanos rumanos, ¿no?
-Si echamos a la mitad de la población, no sólo se reducirán los gastos, sino también los ingresos, ¿no te das cuenta?
-Claro que si. Que expulsen a los que deben los veinticuatro mil millones en impuestos. De todas formas, el Estado no cobrará esos impuestos ni en los próximos ochenta años laborables. Que se queden sólo los idiotas que pagan sus impuestos. Los gastos y la corrupción se reducirán con la marcha de los evasores de impuestos, pero los ingresos no mermarán, porque los idiotas que pagan seguirán aquí.
La miro asombrado.
-¿Cuándo te licenciaste en ciencias económicas?
*****
No hay comentarios:
Publicar un comentario