SAMPEDRO, J.L. La sonrisa etrusca. Madrid: Alfaguara, 1991.Un viejo campesino calabrés llega a casa de sus hijos en Milán para hacerse una revisión médica. Allí descubre su último amor, una criatura en la que volcar toda su ternura: su nieto, que se llama Bruno, como a él le llamaron sus camaradas partisanos. También allí vive su última pasión: un amor que cubre con su luz los últimos momentos de una vida que, en su acabamiento, puede sentir su propia plenitud.
Una historia universal que en manos de José Luis Sampedro se transforma en un libro inolvidable que ofrece un conocimiento profundo y verdadero del alma humana. La sonrisa etrusca es, como todas las novelas de Sampedro, un libro inolvidable.
A solas con Renato desayunándose, mientras Andrea se duchaba, le preguntó por qué no dormía el niño con ellos, como han dormido toda la vida. Renato sonrió, condescendiente:
-Ahora se les empieza a educar más pronto. Deben dormir solos en cuanto llegan a esa edad, padre. Para que no tengan complejos.
-¿Complejos? ¿Y eso qué es? ¿Algo contagioso de los mayores?
Renato, piadosamente, conserva su serieda y se explica en palabras sencillas, al alcance de un campesino. En suma, hay que evitar su excesiva dependencia de los padres. El viejo le mira fijamente:
- ¿De quién van a depender entonces? ¡ Si todacía no anda, no habla, no se puede valer!
- De los padres, claro. Pero sin exagerar... Vamos, no se preocupe, padre; el niño está atendido como es debido, lo hemos estudiado bien Andrea y yo.
- Ya... En ese libro, claro.
- Por supesto. Y sobre todo, guiados por el médico... Es asi, padre; no hay que provocar demasiado cariño a esa edad.
El viejo calla, ¿Cariño a medias? ¿Qué cariño es ese? ¿Controlado, reservándose?... No estalla porque, después de todo, ellos son los padres.
*****
... aumenta su miedo a que acaben estropeando al niño esos libros y esos médicos que mandan desterrarlo por la noche, dejándole indefenso ante malos sueños, accidentes y potencias enemigas... "como siga progresando esa gente acabará decidiendo que el hombre y la mujer duerman aparte, para no cogerse cariño..."
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¡Déjate llevar por mí, niñito mío! ¡Yo te pondré en la buena senda para escalar la vida, que es dura como la montaña, pero te llena el corazón cuando estás en lo alto!
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