JONASSON, J. El abuelo que saltó por la ventana y se largo. Barcelona: Salamandra, 2012.
Momentos antes de que empiece la pomposa celebración de su centésimo
cumpleaños, Alian Karlsson decide que nada de eso va con él. Vestido con
su mejor traje y unas pantuflas, se encarama a una ventana y se fuga de
la residencia de ancianos en la que vive, dejando plantados al alcalde y
a la prensa local. Sin saber adonde ir, se encamina a la estación de
autobuses. Allí, mientras espera la llegada del primer autobús, un joven
le pide que vigile su maleta, con la mala fortuna de que el autobús
llega antes de que el joven regrese y Alian se sube sin pensarlo dos
veces, con la maleta ajena a rastras. Aún no sabe que el joven es un
criminal sin escrúpulos y que la misteriosa maleta contiene cincuenta
millones de coronas. Pero Alian Karlsson no es un abuelo centenario
cualquiera... y en poco tiempo, tras una alocada aventura, pone todo el
país patas arriba. Jonasson urde una historia extremadamente audaz y
compleja, capaz de sorprender constantemente al lector, pero el
verdadero regalo es su personaje protagonista, Alian Karlsson, un hombre
de un maravilloso sentido común, con todo un siglo a sus espaldas, que
no teme a la muerte, ¡ni al crimen! Un anciano centenano que no está
dispuesto a renunciar al placer de estar vivo.
Allan relfexionó. Por un lado, no estaba interesado en ninguna revolucion, fuese española o de cualquier otra índole; como era sabido, cualquier revolución llevaba a otra de signo contrario. Por el otro lado, España estaba en el extranjero, como todos los países salvo Suecia, y puesto que llevaba toda la vida leyendo sobre el extranjero, a lo mejor no era tan mala idea experimentarlo alguna vez. Quizá en el camino incluso se encontraran con un negro o dos, quién sabe.
****
-No eres lerdo -protestó Allan-. Bueno, tal vez un poco, pero en este caso tienes toda la razón. Y cuanto más lo pienso, más me convenzo de que deberíamos dejarlo tal como está, porque, verás, será como tenga que ser, porque es como suele ser. De hecho, casi siempre es así.
*****
... en ese momento no había nada que deseara más en el mundo que degustar un cóctel con sombrilla bajo un parasol en una playa paradisíaca. Además, Gäddan sabía que Allan compartía esa debilidad suya por las vacaciones de ensueño.
-Aunque sin sombrillitas en el cóctel -puntualizó el anciano.
Julius dijo que estaba de acuerdo en que proteger un cóctel de las inclemencias del tiempo no se encontraba entre las necesidades básicas de la vida, sobre todo si estabas bajo una sombrilla y el sol brillaba en un cielo azul y despejado.

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