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martes, 26 de mayo de 2015

Diario de una mamá pediatra / Dra. Amalia Arce

ARCE, A. Diario de una mamá pediatra: consejos profesionales y anécdotas personales para disfrutar de la maternidad. Grijalbo, 2014.

Consejos y experiencias del día a día de un niño, de la mano de una mamá pediatra. Desde su experiencia personal y profesional, la pediatra Amalia Arce nos introduce en el maravilloso pero desconcertante mundo de la crianza. A lo largo de estas páginas, se van desgranando con humor y rigor todos los interrogantes y preocupaciones que surgen cuando se trae un niño al mundo: desde el embarazo hasta el desarrollo del niño, resolviendo dudas frecuentes sobre la alimentación, los cuidados básicos, la conciliación familiar o incluso la elección del pediatra. Además la autora hace un completo repaso por las enfermedades y dolencias más comunes y cómo reaccionar ante ellas. Un libro lleno de consejos profesionales y anécdotas personales para disfrutar de la gran aventura de ser padres.

La primera versión de este libro empezaba hablando del sueño infantil y de las cerca de setecientas horas de tu propio sueño que vas a perder durante el primer año de la vida de tu hijo. Mi editora, con muy buen criterio, ha dejado este artículo para un poco más adelante, ya que introducir el libro con el tema del sueño significaría darte de entrada la peor noticia que conlleva la parentalidad. 
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Para mí no hay dudas: a los bebés hay que cogerlos, primero porque lo necesitan y segundo porque así se disfrutan un montón. ¡Y los meses pasan volando! Pronto llegará el día en que el bebé se convierta en un toddler ( término anglosajón que define a los bebés entre el año y los dos años) más interesado en explorar el ambiente que lo rodea y en trepar a los sitios más inaccesibles que en estar en brazos de los padres.
Además, coger al bebé en brazos tiene cuatro beneficios claros: consigue tranquilizarlo en muchos casos, mejora su desarrollo psicomotor, estimula la producción láctea de la madre y refuerza los vínculos paternofiliales. 
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... No entiendo a qué se debe este modo de negar que un porcentaje importante de bebés son llorones y altamente demandantes, y que con ellos no puedes ni ducharte, ni comer, ni hablar por teléfono en condiciones. Supongo que las hormonas desempeñan su papel, y el tiempo relativiza los malos momentos.
Sin embargo, aparte de las hormonas, seguramente hay un importante condicionamiento social. Parece que está mejor visto que el bebé no llore, duerma bien y sea un angelito, y que de paso no vomite ni se cague encima. Supongo que todo ello hace que persista la idea romántica de la maternidad, de modo que más de una se pega un buen batacazo apenas unas horas después de parir. Si tu bebé llora pero come, gana peso y se desarrolla con normalidad, no te desesperes. Ni él es anormal ni tú la peor madre del mundo.
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Cuando uno de tus hijos lleva unas cuantas horas llorando, al final pierdes el norte y ves gigantes donde solo hay molinos. Sobre todo si ocurre por la noche, cuando, ya se sabe, todos los gatos son pardos. A diferencia de lo que puede ocurrir a otras edades, el lactante no llora porque sí. Aunque eso no significa que llore porque le sucede algo grave.

Cómo ser una mama cruasán / Pamela Druckerman

DRUCKERMAN, P. Cómo ser una mama cruasán: una nueva forma de educar con sentido común. Temas de hoy, 2012.

Cuando Pamela Druckerman, una periodista estadounidense que acaba de mudarse a vivir a París, tiene un bebé, no aspira a convertirse en una «mamá a la francesa». Nunca se había imaginado que el modo en que los franceses crían a sus hijos fuese especialmente digno de admiración. No es algo concreto, como la moda o los quesos franceses; nadie viaja a Francia para empaparse de las ideas de sus habitantes con respecto a la autoridad de los padres o el manejo de la culpa. Sin embargo, la autora observa que los niños franceses se comportan educadamente en los restaurantes y comen de todo, duermen toda la noche desde los cuatro meses, no gritan ni piden cosas constantemente y saben jugar solos mientras sus padres los observan a distancia o charlan con sus amistades... ¿Cómo es posible? ¿Cuál es el secreto?Decidida a desentrañar el misterio y con una libreta escondida en la bolsa de los pañales, la periodista emprende una investigación sobre las claves de una sociedad integrada por pequeños gastrónomos dormilones y progenitores razonablemente relajados. Con una narración literaria a medio camino entre la carcajada y la desesperación, nos brinda toda una investigación sobre la educación del bebé, la imposición de reglas y sobre cómo inculcar la virtud de la paciencia. UN LIBRO IMPRESCINDIBLE PARA CUALQUIERA QUE VAYA A TENER UN BEBÉ Y PARA TODOS ESOS PADRES ANGUSTIADOS Y ESAS MADRES OJEROSAS A LAS QUE LES ENCANTARÍA CONVERTIRSE EN UNA «MAMÁ CRUASÁN»
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Un titular del periódico británico Daily Mail reza así: "Los padres de recién nacidos pierden SEIS MESES de sueño durante los dos primeros años de vida de sus bebés".
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- Mi primera intervención consiste en recomendar que al nacer el bebé no se esté absolutamente pendiente de él por las noches -dice Cohen-. Hay que dar a los bebés la oportunidad de que se tranquilicen ellos solos y no responder de un modo automático, ni siquiera cuando acaban de nacer. [...]
La recomendación que hace Cohen de detenerse un poquito parece la prolongación natural del hábito de "observar" al bebé. Si una madre se levanta de un salto para coger en brazos a su criatura tan pronto la oye llorar, no se puede decir en sentido estricto que la esté "observando". Para Cohen esa pausa es crucial. Él afirma que recurrir a ella desde el principio tiene efectos muy importantes sobre el modo en que duermen los bebés.  "Aquellos padres un poco menos reactivos frente a los lloros nocturnos siempre han tenido hijos que han dormido bien, mientras que aquellos caracterizados por acudir a toda prisa a atender a sus bebés consiguieron que estos se despertaran repetidas veces hasta que la situación se volvió insoportable", escribe el pediatra. 
Un motivo que justifica esta pausa es que los bebés se mueven mucho y hacen muchos ruidos cuando están durmiendo. Es algo normal y no representa ningún problema. Si los padres corren a coger en brazos a la criatura cada vez que pía, conseguirán despertarla en más de una ocasión. 
Otra razón para deternerse un momento es que los bebés se despiertan entre cada ciclo de sueño, que dura unas dos horas, y el siguiente. Es normal que lloren un poco cuando aún están aprendiendo a conectar estos ciclos. Si los padres interpretan de forma automática que este lloro es una demanda de alimento o que refleja un malestar y acuden a toda prisa a consolar al bebé, a este le costará bastante conectar los ciclos por sí mismo. En otras palabras, necesitará que un adulto intervenga para volver a inducirle el sueño al final de cada ciclo.
Los recién nacidos son típicamente incapaces de encadenar los ciclos de sueño por sí solos, pero a partir aproximadamente de los dos o tres meses lo suelen conseguir, siempre y cuando se les dé la oportunidad de aprender a hacerlo. Y según Cohen , encadenar los ciclos de sueño es como montar en bici: si un bebé consigue volver a dormirse de forma autónoma aunque solo sea una vez, le resultará más fácil repetir la operación la próxima vez.
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[...] un aspecto crucial a la hora de conseguir que el bebé duerma por las noches de un tirón -no importa la edad que tenga- es estar convencidos de que lo va a conseguir.
Si los padres no se lo creen, no funcionará -dice-. Yo, por ejemplo, siempre pienso que el bebé dormirá mejor la noche siguiente. Siempre tengo esperanzas, aunque acabe despertándose a las tres horas. Hay que creer.
Podría ser que los bebés franceses se esfuercen por satisfacer las expectativas de sus padres y cuidadores. Acaso nuestros hijos duermen conforme a lo que esperamos de ellos y el mero hehco de creer que su sueño se acomoda a un ritmo particular nos ayuda a encontrar dicho ritmo.
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- Yo creo que los niños que son muy inteligentes y no están muy disciplinados son insufribles de pequeños. Pero también pienso que de mayores su creatividad está menos reprimida -dice.
Es muy difícil saber donde están los límites correctos. Al obligar a Leo a permanecer en un corralito o en el arenero, ¿estoy impidiendo que algún día descubra la cura del cáncer? ¿Dónde acaba la libertad de expresión del niño y empieza una mala conducta sin justificación? Cuando permito que mis hijos se detengan a explorar todas y cada una de las tapas de alcantarilla que nos vamos encontrando en la acera, ¿les estimulo a "perseguir su felicidad" o los convierto en niños malcriados?
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- En francés tenemos un dicho: es más fácil aflojar una tuerca que apretarla. O sea, que hay que ser muy exigente. Si te pasas de exigente, siempre puedes aflojar. Pero si eres muy permisivo... olvídate de apretar después.

miércoles, 28 de enero de 2015

Mamas perfectamente imperfectas. Diana Guelar y Andrés Jauregui.

mamas perfectamente imperfectas-diana guelar-9788408112068Guelar, D. y Jauregui, A. Mamas perfectamente imperfectas: para que no te vuelvas a sentir culpable. Barcelona: Planeta, 2013

Mamás perfectamente imperfectas, escrito por Diana Guelar, autora de libros como Adolescencia y trastornos del comer o La adolescencia: Manual de supervivencia, y Andrea Jáuregui, es una verdadera brújula para guiar a las madres por zonas sin cartografiar de las relaciones materno-filiales. Las autoras son psicólogas expertas en maternidad y relaciones materno filiales de gran prestigio a nivel internacional. Mamás perfectamente imperfectas es un libro clasificado en la temática de psicología infantil y que es una práctica guía que ayudará a las madres a reflexionar y a no obsesionarse con alcanzar la perfección. Un libro lleno de sentido del humor y, lo que es más importante: sentido común. El lector se sentirá plenamente identificado ya que el libro refleja a la perfección las características y exigencias de la sociedad actual. Hay madres que cocinan y madres que piden pizza. Las hay que trabajan y las hay que se quedan en casa. Algunas visten a sus hijos con jerséis de cuello alto y bufandas hasta entrada la primavera y otras que los dejan andar descalzos en invierno. Hay madres que adoran jugar con los chicos largas horas y otras a las que les resulta aburrido... Este libro es una verdadera brújula para guiar a las madres, con unos ilustrativos casos prácticos, por una senda que las ayude a no sentirse culpables a cada paso que dan.

Nos sentimos parafraseando a sor Juana Inés de la Cruz, la peor de todas. La peor madre, porque no somos los suficientemente pacientes, atentas ni cariñosas con nuestros hijos. La peor esposa, porque ciertamente no nos sentimos más sensuales durante el embarazo, ni después del parto, ni siquiera muchos meses más tarde, cuando caemos reventadas en la cama después de un día de lidiar con los niños, sobre todo si además trabajamos. La peor hija, porque no estamos ahí para nuestros padres que son mayores y nos necesitan. La peor empleada, la peor profesional, porque no tenemos la cabeza en el trabajo al ciento por ciento. 

lunes, 29 de diciembre de 2014

Un regalo para toda la vida. Carlos Gonzalez

GONZALEZ,Carlos. Un regalo para toda la vida: guía de lactancia materna. planeta,2009.


¿Existe algo más propio de una madre que dar el pecho?. Desde hace tiempo se sabe que la lactancia es la mejor garantía de evitar enfermedades futuras, pero es que además el momento de la toma constituye un momento de absoluta comunión entre mamá y bebé, una sensación de protección inigualable. El creador del exitoso Bésame mucho, nos habla en este nuevo libro de las bondades de dar el pecho a tu hijo.


miércoles, 24 de septiembre de 2014

La Maternidad y el encuentro con la propia sombra / Laura Gutman

GUTMAN, L. La Maternidad y el encuentro con la propia sombra. Barcelona: Integral, 2006.
Este es un libro escrito para mujeres, una invitación a hacer un alto en el camino para reflexionar sobre el papel de madre, con sus luces y sombras emergiendo en forma de volcanes emocionales.
Muchos aspectos ocultos de la psique femenina se desvelan con la presencia de los hijos. Si estás dispuesta a vivirlo y encuentras ayuda y sostén para enfrentarte a ello, pueden ser momentos de revelación y de experiencias místicas. También es la oportunidad para cuestionar las ideas preconcebidas y los prejuicios que existen sobre la maternidad, la crianza de los niños, la educación y las formas de crear vínculos con los hijos.
Habla de manera sincera sobre temas que hasta ahora parecían indefinibles: los estados alterados de conciencia de los meses posteriores al parto, los campos emocionales que desarrollamos al relacionarnos con el bebé, la locura permanente de no reconocerse a una misma... Su objetivo es crear un espacio sincero de encuentro entre mujeres y facilitar el intercambio, la comunicación y la solidaridad.

Todas las madres tenemos motivos presentes o pasados para llorar, para enfadarnos, para sentirnos perdidas o desdichadas. No hay alternativa. El encuentro con nuestras partes ocultas se realizará, pero es nuestra la decisión de hacerlo con apertura de espíritu o con toda la potencia de nuestra negación.
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"niños que no tienen límites", pero luego resulta que pasan todo el día en una guardería muy exigente donde no se sienten a gusto, lloran cada mañana y, cuando vuelven a su casa, se encuentran con padres agotados por el trabajo y las preocupaciones. Según las posibilidades de cada familia, es necesario tener en cuenta qué le pasa al niño y facilitarles la vida si eso está a nuestro alcance. Somos demasiados rápidos para negarles lo que sea, sin detenernos a pensar por qué necesita lo que necesita.
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La integridad emocional se construye en la infancia. El cansancio extremo es destructivo para el campo afectivo de los niños. Merecen que nos preguntemos qué mundo afectivo queremos para ellos.
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El acercamientos a la verdad personal necesita un recorrido sostenido por la genuina intención de conocernos más, hacernos cargo de nuestra vida, de nuestras elecciones y destino. La verdad siempre va precedida de la palabra "yo". Porque la verdad es personal, responde a lo que me pasa, lo que siento, lo que deseo. No es una opinión, ni está supeditada a lo correcto o incorrecto. [...] La búsqueda de la verdad necesita ayuda. Creo que es la esencia de cualquier emprendimiento terapéutico u otro acercamiento al campo espiritual de cada uno. 
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... los adultos solemos decidir qué situaciones es conveniente aclarar con los niños y cuáles no les incumben. En mi experiencia profesional constato cada vez con mayor claridad que no hay situaciones del mundo emocional de los mayores que no competan a los niños. Están emocionalmente involucradísimos, aunque nos hagamos los distraídos.
Y en este punto nos encontramos con dos problemas: cómo reconocer lo que nos pasa; y cómo hablar con los niños sobre lo que nos pasa (de verdad)
El primer problema es el más difícil, porque requiere el máximo de conciencia y de conocimiento de sí mismo. Se supone que de eso se trata el trabajo de todo profesional que realice una asistencia terapéutica: acompañar y favorecer la interrogación profunda de cada persona, velando para que siempre se cuestione a sí mismo y no a los demás; y conectándose con la verdad más profunda de su corazón, la reconozca, la acepte y sea capaz de nombrarla con palabra.[...] Y la verdad no es bonita ni fea, simplemente es [...] Cuando valoramos ciertas situaciones como "negativas" o "dolorosas", los adultos no soportamos nombrarlas. Al no contemplar nuestro corazón, no logramos respetas nuestras limitaciones y nos engañamos llenando el vacío del alma con medicinas equivocadas.
Entonces, no es posible hablar "con la verdad" a los niños si no somos capaces de hablar con nosotros mismos. Y para ello es indispensable conectarse con la criatura íntima y única que vive en nuestro interior. Ser lo que somos.
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Solemos determinar que un niño no tiene límites cuando "pide" de manera desmedida o cuando su movimiento constante nos distrae y nos reclama atención. Sin embargo, antes de juzgarlos o rotularlos en su comportamiento, tratemos de ponernos en su lugar, de imaginarnos en su cuerpo y en su confusión, en la imposibilidad de comunicar lo que genuinamente necesita. [...]
El tema de los límites -como se lo entiende vulgarmente- es un problema falso, ya que no se refiere a la autoridad o la firmeza con que decimos no. Al contrario, tiene que ver con acordar entre el deseo de uno y el deseo del otro, con sentido lógico para ambos. Y para ello se necesita capacidad de escucha, una cierta dosis de generosidad, reconocimiento de las propias necesidades y, luego la comunicación verbal que legitima y establece lo que estamos en condiciones de respetar sobre el acuerdo pactado.
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Los adultos partimos del preconcepto de que un niño necesariamente va a estar celoso del hermano que nace. Entonces, cualquier actitud, molestia, tristeza o conducta va a desembocar en la interpretación esperable de los celos. Sin embargo, se aprende a estar celoso (a restar) o se aprende a amar (a sumar) según los modelos de comunicación. [...]
Antes de especular sobre los niños, es necesario revisar y reconocer los propios sentimientos ambivalentes que genera el nacimiento de otro hijo [...] "El corazón de las madres se multiplica con cada hijo que nace"(Françoise Dolto). [...]
A veces, la sensación de placer está unida con el miedo, la alegría a la preocupación, etcétera. Estos sentimientos contradictorios son legítimos. El problema radica en que tendemos a reconocer en nosotros mismos sólo los aspectos positivos de ellos, endosando a nuestros hijos mayores los negativos. [...]
Comprendiendo que se trata de un funcionamiento familiar, sería más saludable que todos nos hiciéramos cargo de la parte de alegría y de la parte de frustración que le toca a cada uno con el nacimiento de un nuevo miembro de la familia. Porque todos tenemos derecho a sentir lo que sentimos: las madres también tenemos rabia o desamparo aun en los momentos que juzgamos más felices. Sólo así podremos permitir que nuestros hijos mayores estallen de alegría aun cuando esperamos de ellos lo contrario.
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