El secreto de tener bebés tranquilos y felices / Tracy Hogg y Melinda Blau
Hogg, Tracy; Blau, Melinda. El secreto de tener bebés tranquilos y felices: aprende a calmar a tu bebé y a comunicarte con él. Barcelona: RBA, 2001
Para
muchos padres primerizos, la información que aportan parientes y amigos
sólo genera confusión. Tracy Hogg recomienda aquí un programa
estructurado para encontrar un ritmo de vida que beneficie tanto al bebé
como a los padres. Gracias a veinte años de experiencia cuidando bebés,
Tracy posee el don de comprender todos los llantos y arrullos de los
pequeños. Es capaz de descubrir enseguida si un bebé tiene hambre, está
cansado, si le duele algo sólo quiere compañía. A través de estas
líneas, Tracy Hogg, con una gran dosis de sentido común, propone un
programa simple y asequible para aprender a comunicarse con el bebé.
En una habitación llena de madres, incluso si ninguno de los bebés llora, resulta fácil reconocer a la madre de un bebé que tiene un cólico; es la que tiene un aspecto más cansado.
Aquella primera noche se despertó llorando exactamente a la una de la madrugada. Cuando entré en su habitación, ya estaba de pie. Lo volví a tumbar con suavidad. Para no estimularlo, no dije ni una palabra ni lo miré a los ojos. A los pocos minutos volvió a alborotar y a levantarse, y así continuó la cosa. Lloraba, se ponía de pie, y yo lo tumbaba. Después de repetir este baile cuarenta y tres veces estaba derrengado y finalmente se durmió. A las cuatro, volvió a llorar: Spencer era como un reloj. Y de nuevo lo metí en la cama. Esta vez el pequeño tentempie se levantó sólo veintiuna veces. (Si, cariño, cuando hago esto, cuento las veces que ocurre [...] Con algunos bebés, he tenido que llegar hasta cien.
A la mañana siguiente, cuando expliqué a [los padres] lo que había ocurrido, el padre se mostró escéptico: "esto no funcionará, Tracy. Él no va a hacer eso por nosotros". Le guiñé un ojo, asentí y prometí que me quedaría las dos noches siguientes. "Lo creáis o no, ya hemos pasado lo peor".
La segunda noche, sólo tuve que volver a tumbar a Specen seis veces para que se durmiera. A las dos de la madrugada, cuando se removió, entré en su habitación y, en cuanto empezó a levantar los hombros del colchón, volví a tumbarlo. Sólo tuve que hacerlo cinco veces, tras lo cual se durmió hasta las 6h45 de la mañana, algo que nunca había hecho. La noche siguiente, Spencer se agitó a las cuatro pero no se levantó, y se durmió hasta las siete. Desde entonces ha continuado durmiendo doce horas de un tirón por la noche. [Los padres] han recuperado su vida.
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